Este espacio tiene como finalidad reflexionar sobre la evaluación como proceso transformador. Desarrolla en el participante la capacidad de evaluar objetiva, ética, responsable y críticamente la realidad educativa, identificar los problemas que afectan la acción pedagógica y las organizaciones, para la búsqueda de acciones que contribuyan a solucionar problemas inherentes al ámbito de la docencia universitaria.

domingo, 9 de junio de 2013

REFLEXIONES DE LA EVALUACIÓN COMO PROCESO TRANSFORMADOR

LA EVALUACIÓN COMO PROCESO TRANSFORMADOR
REFLEXIONES

La realidad contemporánea plantea nuevos desafíos y retos a la filosofía de la educación, si realmente quiere ser concepción teórica y práctica para la formación humana, entonces, es necesario superar la simplicidad y el reduccionismo para dar paso a un nuevo paradigma que convierta la educación en una guía espiritual que haga del proceso enseñanza - aprendizaje un espacio comunicativo para la construcción de conocimiento y la revelación de valores. Al mismo tiempo, no se puede obviar que en el hecho educativo y su evaluación, en tanto tal, convergen varios sujetos y elementos: la dirección docente – administrativa, el estudiante, el profesor, el contenido curricular, el aula, el contexto y las instituciones, en fin,  todo un sistema interactivo a tener en cuenta. Sistema complejo que requiere de una aprehensión filosófica profunda, capaz  de captar la multiplicidad de determinaciones y condicionamientos internos y externos al proceso mismo.

En consecuencia y en virtud de los aspectos desarrollados durante esta asignatura, se puede evidenciar que la necesidad de la profundidad  y amplitud de la evaluación emerge de su propia esencia, como proceso y resultado dialéctico complejo que encarna todo un sistema interactivo de vínculos de índoles objetiva y subjetiva, y donde la teoría y la práctica dialogan  incesantemente. Perder de vista estas particularidades, inhabilitan de entrada cualquier mirada integradora y sistémica que se quiera hacer sobre tan importante problema.

En tal sentido, la educación no puede verse sólo como la disciplina responsable de transmitir valores y conocimientos a través del devenir histórico. Es función de la filosofía dotarla de una base cosmovisiva, es decir, como filosofía de la educación, capaz de integrar en sistema dinámico y sinérgico los momentos disciplinarios, interdisciplinarios, multidisciplinarios y transdisciplinarios, sobre la base de la cultura, en tanto encarnación de la actividad humana, en las cuatro aristas que la califican: conocimiento, valor, praxis y comunicación, y su status de medida de ascensión humana.


Se hace evidentemente necesario, la promoción a una visión filosófica de la educación, con sentido cultural, le es inmanente una actitud crítica constructiva de la realidad natural y social, en relación con el ser humano. Por eso está en condiciones de unir en estrecho haz la teoría con la práctica y abordar la realidad subjetivamente, sin perder el sentido contextual y las contradicciones en que transcurre como proceso dialéctico, en pos del desarrollo cultural humano. Por eso asume cada evento pedagógico como momento de la formación del hombre, con ciencia y conciencia, es decir, no separa conocimiento y valor, tan común en los tiempos que corren, imbuido por un paradigma que la realidad educativa misma se ha encargado de quebrar, por su esterilidad e incapacidad para diseñar planes educativos sustentables y abiertos a las necesidades reales.

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