El
significado más aceptado en el presente se aproxima a las definiciones más
globales y amplias que se encuentran en los diccionarios generales; la de
apreciar, valorar, fijar el valor de una cosa, hecho o fenómeno. Este
significado, que pudiera calificarse de ambiguo, no es casual ni responde a un
desatino, ni a una expresión de superficialidad de los estudiosos, aun cuando a
toda vista es insuficiente. Tiene la intención de abarcar la riqueza y
complejidad de su contenido y de evitar simplificaciones abusivas que se han
sucedido al pretender precisiones técnicamente "rigurosas",
positivas; o, al reducir su objeto y funciones, como ocurre con la tan
frecuente identificación de la evaluación con la calificación, entendida como
el acto de otorgar una nota o, con una impronta cotidiana: la de aplicar
exámenes.
En
el campo semántico de la evaluación aparece frecuentemente el del control. Pero
el término "control" no expresa necesariamente el aspecto valorativo,
consustancial a la evaluación; lo que vendría a reforzar la cuestionada
"neutralidad" y la limitada noción de que los problemas de la
evaluación son puramente técnicos. Conviene recordar que este término toma
fuerza en el ámbito educativo, cuando se importa el escenario laboral. Su
contenido subraya dos ideas: la técnica y la de poder o ejercicio de autoridad.
Estas dos ideas han sido amplia y justamente analizadas y criticadas desde
posiciones de la denominada pedagogía crítica, y de la sociología de la
educación.
La
mayoría de las definiciones actuales coinciden en reconocer, como procesos
básicos de la evaluación, la recogida de información y la emisión de un juicio
valorativo. No obstante, existen discrepancias en la extensión del concepto, y
por tanto del proceso evaluativo en su totalidad, en lo que se refiere a la
inclusión o no del juicio valorativo y de la toma de decisiones derivadas de la
información y valoración que se realizan, así como de la ejecución de esas
decisiones y sus resultados.
Sin
dudas, la obtención sistemática de información o evidencias sobre el objeto de
evaluación y la elaboración y formulación de un juicio fundamentado sobre dicho
objeto, constituyen procesos básicos, centrales de la evaluación, pero no agotan
el acto evaluativo y por tanto no son suficientes para el análisis del mismo.
Al igual que -si se permite una analogía de la evaluación con la investigación-
la ciencia y la investigación científica no se agota en la producción de nuevos
conocimientos, pues implica la divulgación y aplicación de éstos.
Una
aproximación a partir del análisis de la evaluación como actividad, constituye
una vía pertinente para su conceptualización. Dicho análisis debe develar la
estructura y funciones de la evaluación como objeto o sistema desarrollado y en
su génesis y devenir. De modo tal que dicho análisis no suponga la
descomposición del objeto en elementos constituyentes y con ello la
"destrucción" del propio objeto, sino la búsqueda de una unidad
elemental, simple, que encierre los aspectos esenciales de él y permita una
representación más auténtica de su estructura y funciones en su conformación y
manifestación.
La
unidad de análisis recae en la acción, en este caso, en la acción evaluativa.
La acción supone la interrelación propositiva u orientada del sujeto y el
objeto, mediatizada por los "instrumentos" o medios materiales e
ideales y en condiciones concretas, determinadas. La acción, por definición, no
es estática, su forma de existencia es la de un proceso, que encierra un
conjunto de operaciones que conforman dicha acción. En la interrelación, tanto
el sujeto como el objeto se transforman en variadas direcciones.
La
consideración de los aspectos anteriormente mencionados resultan significativos
metodológicamente para el análisis de la evaluación. Cada componente debe verse
en su interrelación y en su inserción en un sistema mayor, así como en su
ubicación en condiciones sociohistóricas concretas. De esta manera, la
evaluación, y el acto evaluativo como unidad, suponen operaciones o subprocesos
que van desde el establecimiento de los objetivos o propósitos, la delimitación
y caracterización del objeto de evaluación, la definición (selección,
elaboración) y aplicación de los instrumentos para la recogida de información,
el procesamiento y análisis de dicha información, su interpretación y expresión
en un juicio evaluativo, la retroinformación y toma de decisiones derivadas de
él, su aplicación y valoración de resultados. Para recomenzar en un ciclo
ascendente, progresivo, que permite, en su dinámica, imprimir el auténtico
significado de esta actividad. La evaluación supone, además, la propia
valoración de ella.
Una
importante característica de la evaluación del aprendizaje es la interrelación
que se establece entre los sujetos de la acción: el evaluador y el evaluado. De
hecho, el objeto sobre el que recae la evaluación es otra persona -individual o
en grupo- que se erige como sujeto de la acción y coparticipa, en mayor o menor
medida en la evaluación. Aun más, para el caso de la evaluación del aprendizaje
la pretensión debe ser que el evaluado esté en capacidad de devenir su
evaluador.
Obviamente
la evaluación del aprendizaje constituye un proceso de comunicación
interpersonal, que cumple todas las características y presenta todas las
complejidades de la comunicación humana; donde los papeles de evaluador y
evaluado pueden alternarse, e incluso, darse simultáneamente. La comprensión de
la evaluación del aprendizaje como comunicación es vital para entender por qué
sus resultados no dependen sólo de las características del "objeto"
que se evalúa, sino, además, de las peculiaridades de quien(es) realiza(n) la
evaluación y, de los vínculos que establezcan entre sí. Asimismo, de las
características de los mediadores de esa relación y de las condiciones en que
se da ésta.
La
distinción introducida por Scriven entre meta y funciones de la
evaluación puede resultar útil para el estudio de la evaluación. Para dicho
autor la meta es siempre la misma: juzgar el valor de algo; y definió la
evaluación sobre esta base como "la determinación sistemática y objetiva
del valor o mérito de algún objeto" (citado por Stufflebeam). En
cambio, las funciones son muy variadas y están en relación con la utilización
de los datos evaluativos.
Interesa
subrayar la distinción entre metas y funciones. La identificación de una meta o
propósito fundamental de la actividad evaluativa facilita establecer sus
peculiaridades, y distinguirla de otras actividades que comparten muchos de su
procesos y fases, como puede ser la actividad de investigación, aspecto éste
que constituye uno de los temas de interés y debate dentro del campo de la
evaluación.
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