Hablar de Evaluación, es hablar de
un proceso, que además de complejo, es
transformador, desde sus diversas formas; mas allá de solo colocar una
ponderación, el docente debe tomarse el tiempo para la evaluación formativa,
puesto que es allí donde radica la verdadera evaluación, el conocer al
estudiante en toda su dimensión social, comunicativa, moral, educativa y
familiar. Uno de los principios básicos de la evaluación es sin lugar a dudas,
determinar que se ha logrado y hasta que punto se han alcanzado los objetivos
de aprendizaje propuestos.
La evaluación en si, es un proceso que
posee varios momentos, entre ellos tenemos, diagnóstico, donde el docente,
busca hurgar el los diferentes conocimientos o saberes previos a la materia
planteada, en este momento, es cuando se observa la calidad de los procesos
educativos anteriores; es un momento donde el docente, indaga las fortalezas y
debilidades (jamás deficiencia) del estudiante, esto con la finalidad de crear
espacios para la corrección, la formación y la adquisición de nuevos y mejores aprendizajes.
Otro de los momentos que conforman el
proceso de evaluación, es el desarrollo
formativo que envuelve al estudiante; es este momento, tiene la oportunidad de
conocer, de compartir y percibir a través de un registro sensorial, la formación
sociológica del discente, tanto en valores como antivalores además de un
desarrollo como ser integra e integrador.
En el mismo orden de ideas, se puede
mencionar, un tercer y último momento, dentro de este exigente pero necesario
proceso de evaluación; este momento llamado sumativo, ofrece constancia que el
proceso tuvo o no éxito, se manifiesta en el cumplimiento de los objetivos
planteados, esto es posible cuando los estudiantes han alcanzado las
competencias y logrado promoción. Por el contrario, también el docente puede
sentir un sabor amargo cuando no se alcanza dichas competencias por sus
discentes, estas tan requeridas para el cumplimiento, del fin último de todo
proceso educativo, la transmisión de saberes; es aquí, cuando se siente la satisfacción
de ser parte de un proceso de formación como lo es el educativo, que esta en
constante evolución. Para finalizar una frase que acuña, la esencia de la evaluación.
Como señala
Peters, "el éxito del que enseña sólo puede definirse a partir del éxito del que
aprende"
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ResponderEliminarLas concepciones están centradas en la integralidad del ser. Este escrito mi querida amiga esta fundamentado como un proceso transformador enfocado en el postmodernismo. Algo alentador para los dependientes del extremismo constructivo. A pesar de mi visión de la evaluación actual debo decir que esta bueno el contenido de tu ensayo.
ResponderEliminarSin duda alguna, el valor de la evaluación debe estar permanentemente en todo momento educativo; para medir el aprendizaje de los alumnos, para conocer aprendizajes, para autoevaluar la practica docente, para conocer logros y debilidades, para orientar y reorientar estrategias de aprendizajes
ResponderEliminarColega muy acertado tu planteamiento pero en cuanto a ese sabor amargo al que haces referencia que puede sentir el docente al alumno no alcanzar las competencias, es necesario recordar que la evaluación al formar parte de la planificación educativa permite a lo largo del proceso re direccionar la agenda de trabajo, es decir se deben dar las adaptaciones ,modificaciones y cambios que resulten necesarios conforme a las características y peculiaridades que se nos presenten así como la incorporación de nuevas estrategias a fin de no esperar el último momento y quedarnos con ese sabor amargo .
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