En
la actualidad existe la necesidad de evaluar todo, como única alternativa de
optimizar los recursos y garantizar la calidad y la eficiencia. De hecho, en el
campo educativo no solo se evalúa el aprendizaje, sino todos los componentes
del sistema y de la institución en su conjunto. Conocer la realidad y valorarla
de manera sistemática e intencional depende, buena parte, de la experiencia del
docente y del conocimiento previo que se tenga de la realidad a evaluar. Esto permite
acortar el tiempo para formarse una idea clara del valor que se puede atribuir
a lo evaluado, por supuesto habrá diferencias dependiendo de la complejidad de
la realidad evaluada y de los criterios para valorarla. Según Hernandez Poveda (1998), la evaluación se
asume como útil para describir la competitividad del individuo, en función de parámetros
establecidos (objetivos) en un currículo previamente diseñado.
Es
así como la evaluación, se podría mencionar los principios de la evaluación, tenemos en
primer lugar la evaluación integral se trata de conocer el participante en su
totalidad a través de diversas vías y recursos evaluativos, al observar y
registrar como lo hacen, expresan y comunican estos, tendremos la oportunidad
de hacer una evaluación más precisa, veraz y justa de cada participante.
Pero
en segundo lugar es la evaluación continua
centrada en el proceso, valorando la reflexiva y permanentemente actuación del
estudiante para la consecución de competencias expresadas en los objetivos
generales de etapa que abarque todos los contenidos conceptuales, procedimentales
y actitudinales, donde se tome en cuenta a los estudiantes y el contexto donde
se produce el aprendizaje para reorientarlo, retroalimentarlo y mejorarlo.
Finalmente
la evaluación cooperativa concebida
como una labor conjunta de todos los participantes para propiciar niveles de relación,
comunicación e información constante. De allí el principio de evaluación
cooperativa contemple como formas de participación evaluativa la
autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación. Con la puesta en práctica de
este principio la evaluación deja de ser exclusiva del docente, para
convertirse en un proceso interactivo y dinámico con visión multidireccional,
donde se incorporan y participan estudiantes, familia y demás actores, quienes toman decisiones consensuadas orientadas al mejoramiento
continuo del estudiante
Concuerdo contigo en que la evaluación permite conocer la realidad y valorarla de manera sistemática e intencional a partir de la experiencia del docente y del conocimiento previo que se tenga de la realidad a evaluar. Hemos sido protagonistas de modelos evaluativos que todavía están vigentes pero que omiten la opinión de quien se evalúa es decir, de los estudiantes. Creo que la evaluación debe ser llevada a cabo de parte y parte y no solamente desde el punto de vista del docente, los resultados solo serían el reflejo del cúmulo de contenidos dados pero no del verdadero aprendizaje obtenido.
ResponderEliminarMireya y Loiceli, hacen énfasis en la evaluación desde su principio cooperativo, en el que todos los actores involucrados en la acción educativa, también pueden participar como agentes claves del proceso evaluativo. En este sentido, resulta pertinente destacar que la evaluación no se debe limitar únicamente a la asignación de una calificación, sino que debe propiciar la recolección de información continua, que permita tomar las mejores decisiones en el momento más oportuno.
ResponderEliminarParticularmente estoy de acuerdo con el punto de vista de la Profesora Rosalba, en el sentido de: “la evaluación no se debe limitar únicamente a la asignación de una calificación”. Debido a que este procedimiento solamente simplifica el rendimiento final de los estudiantes al asignar un valor cuantificable. Al contrario, debe ser una actividad permanente, flexible e integral para la mejora, renovación y cambios oportunos en cualquier tarea que permita determinar hasta qué punto fueron logrados los objetivos de aprendizaje.
ResponderEliminarSaludos..